lunes, 30 de mayo de 2011

LA LUZ LOGRÓ PINTAR TODA LA FORESTA



con breve pincelada
entre las hojas
a través del sol de lo verde
mientras se derretía
con una impalpable sonrisa

de noche un sol
innominable selva
voz de árbol
frío del mundo
vida del frío

un rayo de luz
astral en el enjambre
amarillo y luminoso
imperceptible
pinta la selva.

miércoles, 4 de mayo de 2011

LA PERSEVERANCIA



Había una vez tres chanchitos que vivían en el bosque. Permanentemente sufrían la persecución de un hambriento lobo, que pretendía alimentarse de su carne y posiblemente hacerse un abrigo con su piel. El lobo era perseverante, y los tres chanchitos no podían descansar en el mismo sitio mucho tiempo sin que él los encontrara. Los chanchitos también lo eran, pero se estaban cansando de esa situación. Decidieron construir una choza en la que el lobo no los pudiera molestar. Buscaron ramas caídas y fabricaron las paredes y el techo. La seguridad de este refugio no duró mucho, el lobo pasaba por al lado de la choza, los escuchó conversar adentro y rompió sin esfuerzo las paredes. Luego de esconderse otra vez, los chanchitos decidieron construir con ladrillos y cemento. No podía tener tanta fuerza el lobo. Nuevamente los encontró y descubrió que no le era posible entrar esta vez. Pensó entonces que si rompía la cerradura podría pasar y comerse a los chanchitos. La puerta era muy resistente pero él era perseverante y con mucha paciencia, al cabo de una hora logró atravesar la puerta de una patada. A pesar de todo los chanchitos fueron más rápidos y se escaparon. Pasó un tiempo, mientras el lobo los buscaba y ellos pensaban qué hacer, huyendo permanentemente. Hasta que se les ocurrió la manera perfecta de no ser alcanzados. La casa que construyeron esta vez no tenía puertas ni ventanas. El lobo, siempre perseverante, luego de encontrar la fortaleza hizo guardia día y noche esperando el día en que salieran los chanchitos. Ellos también eran perseverantes y permanecieron con sus orejas pegadas a la pared las veinticuatro horas hasta escuchar alguna vez los pasos del lobo alejándose.
El tiempo pasó.
Muy flaco y ya sin fuerzas, el lobo a veces pensaba en abandonar la casa inexpugnable y buscar alimento en otro lado. Pero no estaba en sus planes rendirse, y menos por tres chanchitos indefensos.
Adentro, los tres chanchitos a veces pensaban si no era preferible el estómago de un lobo a ese encierro, pero ya era muy tarde para cambiar de idea.