miércoles, 16 de junio de 2010

DESCRIPCIÓN DEL ENTORNO - versión original

Certidumbre cumplió su engaño otra vez. Cíclicamente alguien esboza levantar los párpados o abre los ojos un instante. Cíclicamente acecha la zona iluminada a quien descubre (siempre es la primera vez).
(Miedo a querer más. Sobrevivir sin la muerte)
La palabra es un lugar inhóspito y se torna hostil. Es una máscara hueca, y la febril imaginación de los esclavos es ser dueños de ella. La palabra no libera. Obviamente no propongo nada al respecto y esto es también mentira. Ficción, como el miedo al vacío, al salto, a mirar y expectar sin conocer.
Las culturas se desintegran y generan infinitos big-bangs a cada momento. Espacios esperando su semanticidad.
Encontrar otra vez la salina. Saber que está y estuvo allí por mí. No importa para qué ni por qué, sólo dice esperar un surco. Mi paso.
Abismal señora. El gran masaje. Ninguno de tus nombres viene hoy, y yo circundo la otra cara de tu moneda, pero sin olvidar.
Gente que huye de aquí, de siempre, de todo posible lugar. No pueden articular alguna sílaba en su escapada. Tomen las imposibles drogas justo a tiempo antes de la luz. Sería muy bueno. Lenguaje de plástico y telgopor hecho a mano y deshecho en un abrir de lobreguez. Cardumen material, cancel de mi límite donde es imposible ser ausente siempre. Un colador que ha dejado de disecar y ser el filtro leve. Y se van.
Encender la última fogata. El desierto vela expectante. La última caída al último extremo, ausente lugar. Execrable última vez, capa sobre los presentes.
Entender fuerzas hacia adentro. Abrir canceles ideales hasta no distinguir formas en intramarea. Ella vuelve y nos acondiciona a ver todo. No me había internado por voluntad sino por venganza. Un día especial. Creo haber visto los árboles y el césped dentro mío. Los transformaba en mi alimento. Sé que con otro fondo y otra música sería diferente, cercano al deseo y a la extinción de toda humanidad.
¿Qué dirías si al llegar en vez de tu cuerpo saludándote y preguntándote cómo te fue por esos tiempos y esos espacios lejanos a la idea de él mismo, hallás una fría y melancólica sombra de neblinas que recordás vagamente y no pregunta ni habla, sólo monologa y recrea lágrimas de las que no es capaz de acordarse, y por eso se atormenta y te ornamenta completamente sin intención?
Mar y vuelta al suelo, a la piedra, a esa otra existencia de la que callamos el origen. El problema de la poesía. Haber desistido. Estar de ese lado del espejo perdiendo la ropa que te hacía sangrar por sangrar. No se explica el por qué.
La pantalla mostraría recuerdos del futuro.
(El día en que las libélulas y yo nos animemos a cruzar la puerta del convencionalismo y entremos de manera brutal al tercer cielo y vana sed de ahoras será un día muy triste debido a que para que esto sea posible hubo que tirar por la borda casi todo lo materia que habías obtenido por ley de la naturaleza y no se puede enumerar ahora. El tiempo verbal muta debido a los alcoholes que ella, (iban a decirle, iban a hacerte parte de la otredad) que ella sin otro particular e intravenosamente emana haciendo el imán del que no se regresa ileso.
El día en que las larvas y yo aparezcamos por la cerradura será un día muy breve debido a la pronta mirada de personajes que eclipsan y van a ocupar toda la pantalla e impedir que saquemos los ojos de ella por un tiempo más que largo.)

H

El ermitaño de la nube dice: “¡sí! Salten todos y corran todos y mírenme y piensen en mí, en mí, en mí, en mí y solamente en mí por el resto del tiempo y no hagan otra cosa que pensar en mí siempre en todos lados y con cualquiera y como sea pero dirijan sus mentes a mí como a un supremo ser de la galaxia cuya sabiduría es absoluta y es capaz de castigar a todos si no hacen lo que les exige, tengan miedo porque enfrentarse a mí les costará la insignificante vida que dicen vivir y desearán no haber nacido. Gracias, buenas noches.”
La respuesta es el silencio, quizás porque el ermitaño está en la cima de la montaña más alta y no hay nadie alrededor. Dirige su mirada, decide donde ésta irá, conociendo de antemano o intuyendo qué es lo que verá. Por lo general la nube solamente. Toca la nube con el tacto de sus dedos y éste le cuenta todo lo que percibe.
El ermitaño no sabe si estuvo en algún otro lugar antes. Quizás éste sea el único estado que conozca. Ante la ausencia del factor cambio el tiempo podría no existir. No hay algo que lo diferencie de sí mismo y las frases que dice no provienen de ningún pasado. El lugar donde está podría ser igual al resto de los lugares o distinto, y el mundo quizás sea una cima-nube perpetua. No lo sabe. No es ciego ni sordo, pero en la constante quietud los sentidos cumplen una nula función.
“El cero, la ausencia, el vacío, nada, …, oquedad, ahuecamiento, negro, blanco, silencio.”
Frases sin destinatario como las del ermitaño no podrían llegar a algo o alguien, ni provocar un cambio en la estática realidad, aunque ¿cómo saber si es o no real? No existe una ficción con qué comparar. No hay un fondo ni profundidad en el cuadro, solo una superficie impalpable, un mero ser.
“Recordar, proyectar, añorar, esperar, desear, extrañar, sorprender, mutar”
Hay una lista interminable de hechos prohibidos para el ermitaño, es decir hechos de suma indiferencia que para nada servirían. Está más lejos de lo que se imagina de su cuerpo y lo ignora, acaso porque eso ya no representa demasiado de valor, solo materia cuantificable como los fósiles subterráneos, y por eso quizás no lo desprecia por completo.
“No podría vulnerar los escondites de mi mente, no hay sino un gran área alrededor mío, donde me hallo inmerso. No conozco sus límites. Ignoro si tiene comienzo y si tiene fin. No posee secretos, o acaso no tengo noticias de ellos”
La formulación de cualquier tipo de preguntas crearía en el ermitaño un terrible estado de confusión. Palabras como quién, cómo, dónde, cuándo, y sobre todo “qué”, no parecen tener significado en este ser, habitante de las metacomunicaciones. Aún si poseyera las respuestas (las posee) éstas carecerían de todo valor e importancia. No es capaz de generar o de provocar algún juicio o comentario, y todo lo que de él se diga corre el riesgo de ser absolutamente falso o sin importancia.

sábado, 12 de junio de 2010

M

Tenía hambre
mucho
poquito
nada

porque un día se devoró el poema

lo encontró sobre la mesa
no preguntó a nadie
tanto hambre tenía
famélica palabra

y quiso otro
y otro
y otro más

ALGO SALE MAL

_ Qué raro, parece feriado, ¿no?
_ ¿Porque no hay nadie?
_ Sí, normalmente a esta hora hay una mujer con dos chicos que pide un taxi, están dos o tres del Industrial…
_ Capaz que es muy temprano.
_ ¿Qué hora es?
_ No sé, anoche dejó de andar.
_ Ahí viene.

(…)

_ No anda la máquina, suerte.
_ Tampoco anda el chofer, viste que ni se le oyó hablar.
_ Está engripadísimo, ni se le veía la cara.
_ Cierto.

(…)

_ Ahora lo que me llama la atención es que tampoco lo para nadie, a esta altura ya está lleno siempre.
_ Che, ¿estás segura que no es domingo?
_ No, ni ahí.
_ Se pusieron de acuerdo, cuando me fui a dormir no había luz tampoco.
_ Qué loco eso, en casa se cortó el agua, urgente me lavo la cara cuando lleguemos.
_ Y la niebla, mirá a cien metros no se ve nada.
_ Bueno, por lo menos la avenida está iluminada, y son nuevas estas luces.
_ Miralo al chofer, está re enfermo, ahora se puso capa y capucha, pobre.
_ Uy, es cierto, no me había dado cuenta.
_ Es un genio, sin parar se cambió la ropa.
_ Me saco la campera, parece que llegó la primavera de golpe.
_ Rarísimo, yo también.
_ Ahora silba, ¿reconocés el tema?
_ No.
_ Es parecido a algo que conozco, ya me va a salir qué es.
_ ¿Viste el palo que tiene escondido ahí?
_ Yo a este no lo asalto por las dudas.
_ Ja, mejor, con eso te corta la cabeza.
_ Es como para cosechar.

(…)

_ Mirá lo que escribieron con liquid acá.
_ Alguien se enamoró de alguien con tu nombre.
_ Y la inicial de mi apellido también.
_ Sí, que coincidencia.
_ Fijate en tu asiento.
_ No, esto es imposible, mirá.
_ No jodas, tenemos asientos reservados.
_ Más bien el colectivo reservado, ni un alma en la calle.

(…)

_ No va más este coche.
_ Me parece que nos tenemos que bajar, nos hace señas.
_ ¿Lo viste bien?
_ Está mas flaco ahora.
_ Está a las puteadas, encima parece que no le contestan al móvil.
_ Menos mal que está bien iluminado, por acá nunca vino.
_ Bajemos, debemos estar cerca de la avenida.

En el camino de tierra hay un cartel con dos flechas iguales, una en cada dirección. Hay una inscripción debajo de cada una pero casi no se lee.

NI

El/la protagonista no se siente bien. No sé/no sabe si es algo que trae desde la infancia y aún no pudo resolver o quizás algo que le sucede en el momento presente. No importa.
En este instante medita acerca de la primera posibilidad. No la primera en su existencia, solo la primera que puede recordar. Siente que su ser es el mismo que fue a los dos, a los cinco y a los quince años. Inmensa sensación de unidad. A pesar de esta certeza, sabe también que ayer y mañana será seres distintos. Gran omnipotencia.
Al problema de la unidad se le agrega el de la complementariedad. Conoce apenas a su antagonista y le conoce profundamente. Pudo ver a través de su mirada lo que escondía y mostraba cifradamente. En ese vibrar había un temblor y un vacío lleno, que llevaban a otro temblor y a otro vacío lleno. El/la antagonista percibió lo mismo y tal vez pensó que era su reflejo, temiendo que su narcisismo proyecte algún modo de ser que le era propio.
Protagonista y antagonista se contaron fragmentos de su pasado, de su presente, de su futuro. No siempre lo que se contaba era creído fielmente. Esas ocasiones en que se dudaba de la veracidad respondían a los temores propios de cada personaje de que su historia pasada no sea creída. Ni protagonista ni antagonista habían mentido. Sin embargo les asaltaba la inseguridad y el deseo de agradar. Mientras se hicieron compañía, sus percepciones del tiempo transcurrido fueron diferentes a la que mostraba el reloj, pero iguales entre sí. Cuerpo y alma de protagonista se fundieron en una sola entidad, igual que cuerpo y alma de antagonista. Luego las dos almas hicieron lo mismo mutuamente mientras que los cuerpos también en apariencia se fusionaban.
La percepción se hizo difusa y el narrador omnisciente dejó de ser ambas cosas. Estaba concentrado en su propia búsqueda de la complementariedad que acababa de recordar. Abandonó el relato de protagonista y antagonista, decidido a concretar una acción real.
Está inquieto, porque sabe que necesita de la presencia de alguien en que está pensando, y hasta cree que esa necesidad es mutua. Pero de nuevo el tiempo objetivo de los relojes no coincide con el de la intensidad de su espera. Y ha aprendido recientemente que frente a la eternidad temporal en que está inmerso el universo, pierde importancia el minuto o año que transcurra hasta que su encuentro ocurra.
Pierde su poder de concentración, cada detalle carece de importancia y es descartado si no forma parte de esa unión que él espera. Dispersa la atención de su relato haciendo dificultoso el entendimiento de un hilo conductor que seguramente tiene a pesar de sus preferencias estéticas. La velocidad y la importancia de los acontecimientos evolucionan en forma inversamente proporcional. Cada vez más rápido dirige sus sentidos hacia demasiados primeros planos. El ritmo de edición se acelera. La música se llena de pizzicatos y variados timbres impulsivos con algo de reverberación, aunque luego de unos segundos se empieza a percibir un crescendo grave y sostenido que no parece terminar. El director me mira, yo levanto los dos hombros simultáneamente mientras las palmas de mis manos se separan orientadas ligeramente hacia arriba. Entonces, un poco contrariado, hace señas de “corten” y me llama a un costado del set. Estoy adivinando lo que va a decir. Algo de la tensión, la distensión, el conflicto, la resolución del conflicto, y sé lo que le voy a contestar. No le gustará.
La decisión es suya.
(Mientras tanto, con el libro entre las manos y preguntándote qué hacías leyendo un relato que parecía perder el rumbo en cada párrafo, pensaste en preparar un té. No es que te gustara especialmente esa infusión, o tal vez sí, pero siguiendo la primera posibilidad, fue el deseo de experimentar una sensación poco o casi nada experimentada. Recordaste a alguien a quien querés encontrar desde hace un tiempo, y planeaste durante minutos provocar ese encuentro. En esos instantes la lectura se hizo extremadamente superficial y mecánica, lo que te obligó a volver a comenzar desde la sección anterior. Te preguntaste si recordará aquellos momentos compartidos hace tiempo, mientras el vapor subía y te transportaba a aquella cocina que ustedes compartieron ese instante. Por su recuerdo también pasó el momento compartido y planeó por segundos un reencuentro con vos. El mutuo recuerdo se hizo evidente en otra dimensión. Ambos lo supieron enseguida, pero falta un lapso de tiempo físico para que tomen la decisión.)
No me interesa cuál es la decisión que tome el director. Confío plenamente en sus instintos estéticos. Muchas veces ya le he permitido decidir y me sorprendió gratamente con sorpresas inverosímiles pero de un realismo absoluto. Por ejemplo, hace unas semanas editó y me produjo una yuxtaposición entre capítulos de una manera que pareció completamente planificada. He delegado todas las decisiones en el director, y pienso que la decisión de delegárselas también fue decisión suya. Sería injusto limitar su presencia a lo perceptible por mí. Él puede ser quien haya decidido el comienzo de la preproducción de este film, su guión (a veces parece improvisar, no obstante, y su habilidad en eso es inabarcable), el reparto, y cada una de las ubicaciones de cámara. Ahora, desde la isla de edición, me hace escribir estas palabras.
(No es una casualidad que estés leyendo esto. El número de copias, la distribución, y los destinatarios, ya formaban parte de su plan. El impacto que te genere también está pautado. Cuando te canses de esta lectura y la abandones “para siempre” estarás cumpliendo un mandato, y cuando, conciente de ese mandato, cambies tu parecer, y lo disfrutes, torciendo el supuesto destino, cumplirás el mandato de rebeldía que te estaba impuesto. No, eso que pensás no es cierto. Es completamente verdadero, sí. Hay una lista grande de posibilidades para que hagas después de leer. Y no será que hayas dejado el texto. Vas a agregarle esas partes que creías que le faltaban.
Ahora, por favor, hacé otra cosa, escuchá música o salí a dar una vuelta, o lo que sea. Quiero dejar esta charla para dedicarme a lo que estaba haciendo sin distracciones)
Listo, ahora que no estás leyendo voy a dedicarme solamente a escribir, sin pensar en cómo suena esto, o si está correcto, o si le interesa a alguien. Porque la recepción no tiene tanta importancia, ninguna, en este momento. Yo soy de momento el que está escuchando. A cada instante el director se comunica y me da las instrucciones. No siempre me doy cuenta de eso. A veces llevé a cabo misiones larguísimas sin saber su sentido hasta el final. Y no es algo que me preocupe, porque tengo le tengo fe ciega en eso que llega y dice (de alguna manera) mis futuros movimientos, incluso en los de protagonista y antagonista, que luego de unirse física y espiritualmente pueden quizás prolongar su unión de maneras no evidentes para sus espectadores. Permanecen en la conexión inmaterial, cada pensamiento es compartido, cada sensación también. A veces no lo saben. Mañana cuando se despierten estarán en lugares lejanos, otro tiempo físico, otro cuerpo y otros recuerdos. Y esta vez podrán conocerse por primera vez.
Será un día en que protagonista no se sentirá del todo bien, posiblemente por alguna preocupación traída desde la infancia o quizás más reciente. El encuentro con antagonista no resolverá el problema, pero distraerá a protagonista de su búsqueda existencial para brindarle un motivo más inmediato que perseguir. Este motivo, será un eslabón más en la cadena de acontecimientos que llevarán a protagonista en la búsqueda que posiblemente lleva desde la niñez.
El encuentro será casual. El encuentro no será casual. Antagonista es igual que protagonista en sus preocupaciones y ambiciones vitales. Antagonista no se parece en nada a protagonista. Por eso se atraerán mutuamente, por ser tan iguales. El abismo de diferencias que los separa será la causa de su unión inseparable.
Pasó una bandada de gaviotas hacia el norte. Subió la temperatura. Llovió tres días seguidos. En una esquina de mi calle alguien pintó un graffiti que dice “lo que está y no se usa nos fulminará”. El diámetro de la mancha de humedad en la pared que da al baño creció un centímetro. Las naranjas del frutero de la esquina estaban apiladas una sobre otra. Los semáforos me daban tres luces de colores distintos. El intendente en persona aceptaba aparecer en un acto público. Las jergas recortaban las palabras a la duración de dos sílabas. Lo que ocurría sucedía en una dimensión. Y después de hacer la descripción del entorno hubo que volver a intramarea para continuar relatando parcialmente los hechos de que formaban parte protagonista y antagonista.
Cuando se den cuenta de que existe la complementariedad entre sí, deberán actuar en consecuencia de ello. No será fácil. El camino se oscurecerá gradualmente. Pero protagonista y antagonista proyectarán su propia luz creyendo recibirla. Y en la ruta parecerá mediodía. Será una luz violenta. Hasta las plantas abrirán grandes los ojos y tirarán su petaquita diciendo “no tomo más”. El significado de la palabra “belleza” estará escrito en el interior de cada célula de esa situación. En otro tamaño de letra estará en el borde mojado de las hojas y más grande aún en el interior de las tiritas del arco iris, en blanco y negro. Cada barco que zarpe se conducirá en zig-zag escribiendo la palabra con espuma. En esos días nadie será capaz de distinguir día y noche. Ni cerca o lejos. Ni alto o bajo. Ni los diferentes tamaños. Ni presencia o ausencia. Ni protagonista o antagonista. Ni de saber qué es distinguir. Ni qué es ni.

¿cómo?

En el otro extremo del hilo hay una palabra
solo se llega flotando
el hilo está muy frágil

para flotar hay que llevar una palabra
la que espera
en el otro extremo del hilo.

capítulo

En el cruce de miradas. En las estrategias. En la doble cacería. En el duelo. En los restos del banquete. En las retiradas. En los regresos.
En algunas fechas. En una fecha. En el día que pasó.
En el resto de los días por venir.