martes, 20 de noviembre de 2012

PAYASO TRISTE

PAYASO TRISTE

La llegada de Payaso Triste fue una sorpresa para todos. Por suerte nos encontró con la mesa servida. Estábamos ya en la mesa dulce y quedaban unas cuantas gomitas de menta (que le encantaban al punto de la adicción). Cuando las lágrimas le mojaron ya toda su ropa decidimos que permanezca desnudo, era mejor así, a ver si mejoraba su pobre estado de ánimo. No fue así. Las lágrimas le derretían la piel y no queríamos que Payaso Triste desapareciera así como así. Con unos cuantos secadores de pelo extinguimos su tristeza en un rato. Caminó luego, jugó con el monociclo y hasta hizo aparecer guirnaldas colgadas del techo. Literalmente brilló como un muñeco fluorescente durante unos minutos. Después con su monociclo trepó paredes, techo, llegó al balcón, siguió subiendo por fuera del edificio, e hizo piruetas en la cornisa. Lo aplaudimos desde abajo. De un salto llegó hasta la calle. Medio en broma le gritamos que tuviera cuidado con el tránsito de esa hora pico. Se lo tomó muy mal, y parado sobre el asiento pateó a la gente que transitaba, rompiendo ventanillas. Con una fuerza descomunal hacía volcar los colectivos y camiones que se le atravesaban. La avenida era un caos, llegaban las ambulancias y la policía (que tuvo que pedir refuerzos tres veces) y nos sentimos culpables por eso. Lloramos mucho sin saber cómo ayudar a esa pobre gente y a Payaso Triste que estaba obviamente enajenado y no podíamos culparlo de ese berrinche. No sé a quién de nosotros se le ocurrió la forma de calmarlo. Bajamos todos a la calle y sabiendo de su infinita compasión lloramos mucho y a los gritos delante de él. Empatizó enseguida, y se puso a llorar con nosotros. Al rato, cuando nos pareció que ya era suficiente tristeza, le pusimos un traje nuevo, seco, y lo llevamos a casa otra vez, dócil como antes. Improvisamos una túnica con la cortina del baño para regalarle y lo dejamos en el balcón a vivir. Ahora, una vez por día, lo acercamos a las macetas para que les llore encima. Las plantas están agradecidas y tristes.